
Capítulo 11 – Exílio (Parte 2)
El salón principal del Palacio Ducal había sido despejado para el gran baile. Entre risas y antifaces, los vampiros se movían casi al unísono, al compás de una música oscura que no fue creada para oídos humanos. Una pequeña orquesta compuesta de un laúd y varios violistas entonaban la parte final de aquella funesta danza, mientras que dos enormes candelabros hechos con huesos humanos oscilaban sobre los presentes.
Un tono escarlata mezclado con dorado, acentuado con vestimentas negras y rojas, dominaban el lugar. Entre el macabro entorno, Ileana destacaba con su natural color perlado, como una estrella solitaria que brillaba en el cielo nocturno. Se preguntaba por Francesco y Caterina —ya que hace un rato no sabía de ellos— cuando alguien la sorprendió a sus espaldas.
—No eres de por aquí, ¿verdad?
Ileana se volteó al escuchar la firme pero calmada voz que de golpe la trasladó a su tierra natal. Se encontró frente a un vampiro de porte aristocrático, cuyos ojos luminosos la sumieron en una hipnosis sin escape.
—Permíteme presentarme —dijo el vampiro.
No hacía falta. Ileana ya conocía su nombre. Con la mirada fija en el perfilado rostro de aquella peculiar criatura, levantó su mano con sutileza. El vampiro la tomó con autoridad, anticipándose a su gesto.
—Mi nombre es Vlad Tepes —dijo con una calma inquietante. Luego plantó un beso en la mano de Ileana, sin apartar de ella su subyugante mirada.
El anillo que Vlad portaba en su dedo anular capturó la atención de Ileana: un dragón europeo con rasgos serpentinos tallado en metal oscuro.
—¿Cómo te llamas? —La pregunta de Vlad arrancó de su anillo la vista de Ileana.
Por un momento olvidó su identidad veneciana. Tartamudeó, pero logró pronunciar las palabras correctas.
—Morgana Valeri.
El vampiro no respondió de inmediato. Sus dedos aún sostenían la mano de Ileana cuando la incredulidad se dejó ver en sus ojos, haciéndole entender que había sido un desliz que, por esta vez, le permitiría pasar.
—Tu rostro me recuerda a mi hogar en los Cárpatos.
Ileana trataba de concentrarse, pero se sentía desarmada ante la presencia de Vlad. Era como si de tan solo mirarla la doblegara a su voluntad.
—Curtea de Arges, mi señor.
Vlad sonrió, deleitándose al ver cómo Ileana reconocía su linaje de nobleza. Nuevamente, la música se alzó de entre los murmullos de las sombras y estas se aprestaron a danzar entre el lóbrego escenario.
—¿Me concede esta pieza? —preguntó Vlad, extendiendo su mano al tiempo que hacía una pequeña reverencia.
Ileana sabía que era solo una formalidad insignificante, puesto que no podría negarse a los deseos de alguien a la altura de un príncipe de Valaquia. Tomó su mano y ambos caminaron entre las demás criaturas, las cuales, al reconocer la presencia del propio Drácula, se apartaron para abrirles espacio.
Nota del Autor:
Gracias a quienes que votaron en Instagram para que este adelanto de la próxima novela de Ritual de Sombras se publicara. Su interés en la historia es de gran motivación para seguir adelante. Espero que dentro de los próximos meses puedan disfrutar de la obra completa. ¡Hasta pronto!
–Daniel Krowman

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